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¿De que tratan los Derechos de los Hombres?
Los Derechos de los Hombres es la ideología de acuerdo con
la cual los hombres tienen derechos intrínsecos que se les niegan
frecuentemente en la actual cultura occidental—verdaderamente
de acuerdo con esta idea, la sociedad no ha reconocido normalmente que
los hombres, como hombres, llegaran incluso a tener derechos. En las
sociedades occidentales las feministas han, desde hace más o
menos 200 años (desde Wollstonecraft), establecido como un hecho
la tesis de que la sociedad está dominada por los hombres y oprime
a las mujeres. Este es el metatema que los activistas de los Derechos
de los Hombres plantean, como un lógico (pero no necesariamente
práctico) requisito previo al planteamiento de varios temas específicos.
Los partidarios de los Derechos de los Hombres consideran que las
feministas han argumentado a favor de la “igualdad” únicamente
en lo referido a temas escogidos por ellas, --utilizando una definición
ad hoc de la “igualdad” (y raramente explícita) que
desarrollaron ellas mismas, más que (por ejemplo) convocando
una conferencia de todos los grupos interesados con el fin de aclarar
los temas. Se argumenta que las feministas no han demostrado igualdad
de género en temas tales como la custodia de los niños,
la decisión de practicar el aborto del hijo nonato, el servicio
militar obligatorio, deportes profesionales no separados, aplicación
de la ley en lo referido a la violencia doméstica, patrocinio
para grupos de hombres y mujeres, Estudios de Hombres frente a Estudios
de Mujeres, ministerios de Asuntos Masculinos para complementar los
de Asuntos de Mujeres, y subvención de la investigación
en salud, etc…
Muchos activistas de los Derechos de los Hombres critican también
al feminismo por depender de una idea restringida del poder político,
por la cual un cómputo de los números relativos de hombres
y mujeres en las posiciones de toma de decisiones importantes es suficiente
para determinar si los hombres o las mujeres son los más poderosos.
Los partidarios de los Derechos de los Hombres señalan que existen
otras muchas formas de poder político-por ejemplo, el control
sobre la información y los estereotipos de los que dependen los
tomadores de decisiones como fundamento de sus resoluciones. Esta información
y estos estereotipos, en Occidente, están en gran medida bajo
el control de Hollywood, los medios de comunicación de masas,
el sector educativo, y las burocracias-los cuales están todos
fuertemente influenciados por el Feminismo, si no dominados de hecho
por mujeres.
El termino “masculismo” (también conocido como
masculinismo, varonismo) * es intercambiable con los “Derechos
de los Hombres”, pero los conservadores en la escena de los Derechos
de los Hombres a menudo reservan el término “masculismo”
(masculism) para la rama liberal del movimiento de los Derechos de los
Hombres (como lo tipificó el autor ex-feminista Warren Farrel).
Los masculinistas liberales (del estilo de Farrell o Rod Van Mechelen)
toman la postura de que las aspiraciones feministas a la igualdad de
género deberían aceptarse como un hecho indiscutible,
para a partir de ahí igualar a los hombres con las mujeres en
aquellas áreas donde las mujeres estén sobreprivilegiadas.
Los conservadores (como Richard Doyle, y particulares religiosos u organizaciones
del estilo a los Guardianes de la Promesa) preferirían regresar
a una división tradicional del trabajo entre los sexos.
La respuesta de las feministas al movimiento de los Derechos de los
Hombres no ha sido normalmente el responderles a un nivel ideológico.
Más bien, lo mismo han ignorado este movimiento que publicado
nuevos temas (por ejemplo, los desórdenes alimenticios) en donde
las mujeres podrían posiblemente aparecer como desfavorecidas,
y/o intentado negar a los activistas de los Derechos de los Hombres
el acceso a los medios de comunicación y editoriales o el ejercer
influencia en los sistemas educativos y burocracias.
La mentira de la representación masculina es la creencia equivocada de que la
gente (los hombres, específicamente) en posiciones de autoridad
en los sistemas democráticos utilizan su poder principalmente
para beneficiar a las categorías de personas (la categoría
de los hombres, en particular) a las que ellos pertenecen. En los países
occidentales, los líderes masculinos son accesibles sólo
para una parte muy pequeña de su circunscripción electoral
(los grupos de mujeres entre otros) y tienen tendencia a ignorar las
demandas de los grupos de hombres.
De hecho, sin ir más lejos sólo tenemos que fijarnos
en el presidente Bill Clinton para obtener un ejemplo perfecto de frente
masculino. El era tan profeminista que el elemento principal que le
libró de ser impugnado por perjurio en lo referido a su escarceo
extramarital con Monica Lewinsky fue el apoyo organizado del movimiento
feminista. Las feministas fueron agradecidas por su apoyo en el tema
del aborto, el haber introducido a los homosexuales en las fuerzas armadas
- en resumidas cuentas, su apoyo general a todas sus causas. Pero una
vez que Hilary Clinton consiguió su asiento en el Senado y Bill
Clinton abandonó la Casa Blanca, las feministas dijeron a sus
contactos en los medios de comunicación que dejasen de apoyarlo,
y entonces los medios de comunicación comenzaron a denigrarle
como tendrían que haber hecho mucho tiempo atrás.
* Nota del traductor: Con estos términos, masculismo, masculinismo
y varonismo se realiza un intento de traducción de las palabras
candidatas a definir la doctrina de pensamiento en la que actualmente
comienzan a reunirse las diferentes medidas y análisis realizados
por diferentes grupos de hombres, involucrados en la solución
de sus discriminaciones. Los términos usados por el autor en
el original fueron: “Masculism” “Masculinism”
y “Virism”, definiendo los tres vocablos una idea que en
castellano se representa únicamente por masculinismo. Masculismo
y varonismo son tentativas de traducción de Masculism y Virism,
términos presentes en inglés, pero cuyo significado en
castellano resulta casi anecdótico, debido a que el ya mencionado
masculinismo monopoliza en exclusiva estos conceptos en castellano,
simplificando las definiciones de esta cuestión, sin que exista
prácticamente presencia de los otros términos en nuestro
idioma. Sin embargo, en inglés parece existir una ligera connotación
que diferencia estos términos: Masculism se utilizaría
por ciertos sectores para definir la parte más liberal de los
movimientos de los hombres y masculinist quedaría para los que
se posicionan de un modo más conservador.
Por todo su poder, sin embargo, el feminismo es básicamente
una ideología de escasísimo nivel intelectual que obtiene
sus destacadas victorias mediante una combinación de intimidación,
mentiras descaradas, distorsiones simplísimas y chantaje emocional,
más que a partir de los méritos intelectuales de sus argumentos.
Kate Millet , por ejemplo, es un nombre muy importante en la historia
intelectual del feminismo moderno, aun así su razonamiento abunda
en errores.
“Si se considera que el gobierno patriarcal es la institución
mediante la cual esa mitad de la población que es femenina es
controlada por la mitad que es masculina, los principios del patriarcado
muestran ser dobles: El hombre debe dominar a la mujer, el varón
más viejo debe dominar al más joven” (Kate Millet,
1972: Política Sexual. Londres: Abacus. Pág. 25)
Esa es la definición de Millet del patriarcado. Su punto crucial
es la definición de “control”. A lo que Millet se
refiere con este término se aclara a continuación:
“Nuestra sociedad… es un patriarcado. Es un hecho absolutamente
evidente, si uno tiene en cuenta que lo militar, la industria, la tecnología,
las universidades, la ciencia, el funcionariado político, y los
asuntos financieros- en resumen, cualquier avenida del poder dentro
de la sociedad, incluida la fuerza coercitiva de la policía,
está completamente en manos masculinas” (ibid, pág.
25)
Es una buena regla general que, si quieres buscar las debilidades
en la argumentación de alguien, encuentres frases que comiencen
con palabras como “evidente”, “evidentemente”,
“obvio”, u “obviamente”. Esto señala
los débiles argumentos que el escritor/orador necesita apuntalar
con un lenguaje que suene seguro. En este caso, la debilidad es el hecho
de que la existencia de un gran número de hombres en estas profesiones
no conlleva lógicamente que estén “controlando”
a las mujeres más de lo que están controlando a otros
hombres. Los hombres pueden ocupar muchas posiciones de alto rango,
pero igualmente constituyen la mayoría en muchísimas de
las ocupaciones de nivel bajo. Aun más importante, si la “fuerza
coercitiva de la policía” se dirige principalmente contra
las mujeres, ¿por qué los hombres constituyen la abrumadora
mayoría arrestada por la policía?
Las feministas asumen que los funcionarios masculinos normalmente favorecen
los intereses de los hombres por encima de los de las mujeres, lo cual
sucede raramente. Cierto que los funcionarios masculinos pueden haber
ignorado en algunas ocasiones una perspectiva femenina sobre ciertos
temas, pero esto se equilibra con la caballerosidad paternalista, que
lleva a los funcionarios varones a tratar a las mujeres más indulgentemente
que a los hombres. Actualmente, en las sociedades occidentales, la propaganda
feminista es la ideología dominante, y muy pocos funcionarios
masculinos desconocen las posiciones feministas sobre cualquier tema,
mientras que los puntos de vista a favor de los varones son tanto ridiculizados
como ignorados. Al mismo tiempo la caballerosidad masculina apenas ha
descendido, y los feministas masculinos son antivarón, así
las mujeres lo tienen a su favor de las dos maneras.
Las funcionarias feministas de sexo femenino, por otro lado, utilizan
su poder para beneficiar casi exclusivamente a las mujeres. Por ejemplo,
la ministra neozelandesa de los Asuntos de las Mujeres, Christine Fletcher,
utilizó su poder durante su ministerio para consolidar la posición
del Funcionario de Salud de las Mujeres. Hizo esto sin realizar el más
mínimo esfuerzo por demostrar que las mujeres tienen mayores
necesidades sanitarias que los hombres, los cuales de ningún
modo tienen un “Funcionario de Salud de los Hombres”. Esta
mujer sexista se sentía verdaderamente apasionada respecto a
la cuestión, ¡y éste fue el resultado!
El hecho es que podemos argumentar que los países democráticos
son actualmente matriarcados, y que los políticos masculinos
son los servidores asalariados de las feministas. La prueba determinante
es si los políticos (principalmente varones) promulgan una legislación
favoreciendo los intereses de los hombres más que los intereses
de las mujeres. Lo que nos encontramos es que durante los últimos
200 años la historia occidental está acribillada con ejemplos
de gobiernos mayoritariamente masculinos promulgando legislaciones que
benefician a las mujeres más que a los hombres. Desde finales
del siglo XVIII, gobiernos principalmente masculinos han promulgado
leyes dando el voto a las mujeres, concediendo la igualdad salarial
de las mujeres con los hombres, liberalizando las leyes de aborto para
permitir el asesinato masivo de niños, aumentando las penas por
violación, y así sucesivamente, todo sin proteger los
intereses de los hombres en la familia, rituales de emparejamiento,
comportamientos en el puesto de trabajo o instituciones educativas.
Políticas de la vagina.
Puede ser que la mayor parte de los que deciden en las instituciones
políticas de la sociedad sean hombres, pero estos han hecho y
hacen poco por los hombres y mucho por las mujeres. ¿Por qué?
Los varones que deciden están sujetos a la presión de
mujeres individuales (amigas, miembros de la familia, etc.), tanto como
a la de los grupos de presión femeninos. El feminismo creo el
slogan, “lo personal es político”, y de este modo,
cambiaron en numerosas ocasiones un dormitorio en un campo de batalla,
obligaron a los hombres a escoger entre su matrimonio y sus principios,
entre el amor y la integridad, entre la riqueza y la pobreza. Las políticas
feministas también contribuyeron a aumentar notablemente las
familias con dos fuentes de ingresos. Mientras que la patronal necesita
que los empleados crezcan a aproximadamente el mismo ritmo gradual al
que lo han hecho siempre, la provisión de los trabajadores casi
se duplicó en el intervalo de unos pocos años. Los sueldos
se estancaron mientras que los beneficios crecían y los ejecutivos
masculinos que como consecuencia de todo esto prosperaron, tienen un
interés comprometido con la perpetuación del sistema feminista
y en satisfacer al sexismo feminista.
He aquí un ejemplo del comportamiento del feminismo masculino:
en una asamblea regional de representantes de la unión de profesores
a la que yo asistí, el presidente, que era pareja de una destacada
profesora feminista, comenzó la reunión diciéndonos
en que pisos se encontraban los aseos, y explicando, inexpresivo, que
había cerraduras de combinación en los aseos de mujeres,
pero no en los de los hombres,¡ porque los hombres eran demasiado
estúpidos como para manejar las cerraduras de combinación!
Nadie protestó ante este comentario patentemente sexista, pero
mientras él miraba fijamente a través de la sala, recibió
una mirada aprobatoria de parte de las mujeres por su comportamiento
al estilo del tío Tom. Imaginémonos la furiosa reacción
que se habría producido si hubiese afirmado que las mujeres eran
demasiado estúpidas para manejar las cerraduras de combinación.
¿Cómo pueden seguir adelante con ese comportamiento?
¿Dónde están los grupos que hablan a favor de los
hombres? Los grupos de presión de mujeres superan con creces
a los de los hombres. Por ejemplo, con fecha de diciembre de 1999, una
búsqueda en Altavista de “derechos de los hombres”
producía 2,256 páginas/ resultados mientras que si se
buscaba “derechos de las mujeres” se obtenían 39,527
páginas/resultados- 171/2 veces más. Clara evidencia de
lo mucho que las feministas dominan los temas de género. Las
voces de los hombres en esta área son prácticamente silenciadas
por la abrumadora presión que las feministas ejercen sobre los
tomadores de decisiones masculinos. A partir de esto podría casi
afirmarse que las mujeres tienen aproximadamente 171/2 veces más
poder que los hombres en las sociedades occidentales.
Existen varias formas de poder en la sociedad:
- El poder de los órganos decisorios, como los políticos,
jueces y jurados;
- El poder policial y militar potencial para ejercer fuerza armada;
- El poder de los medios de comunicación para abarcar e incluir
(o ignorar) ciertos temas si lo consideran oportuno;
- El poder de los educadores para inculcar valores en los que creen;
- El poder de los grupos de presión para influir en los medios
de comunicación, los políticos y la burocracia;
- El poder de los burócratas para interpretar la legislación
y las regulaciones, y discriminar en contra de ciertos usuarios.
Esta última forma de poder está también hoy en
día mayoritariamente en manos de mujeres: La encuesta de Fuerza
Laboral del Hogar Neozelandés de Diciembre de 1998, por ejemplo,
mostraba que los hombres se concentraban en categorías de empleos
referidas al trabajo con objetos, mientras que las mujeres se concentran
en ocupaciones relacionadas con la atención al público.
Es probable que este modelo sea el mismo en todo el mundo occidental.
Los hombres superan en número a las mujeres en:
- Agricultura, ciencia forestal, pesca por 107,300 a 49,900;
- Sector industrial por 195,700 a 86,300;
- Construcción por 104,300 a 12,500, y
- Transporte, Almacenamiento y Comunicación por 70,300 a 34,000.
Por otro lado, las mujeres superan en número a los hombres en:
- Educación por 89,600 a 41,000 y
- Sanidad y servicios comunitarios por 98,400 a 23,100.
En otras categorías (“Venta al por mayor, Comercio Minorista,
etc.”, “Negocios y Servicios Financieros”, “Otros
servicios” y “Sin Especificar”), los hombres y las
mujeres estaban presentes en aproximadamente las mismas cantidades.
Esto da a las mujeres un poder desproporcionado a la hora de administrar
e interpretar –en el día a día- las normas y regulaciones
que afectan a las vidas de hombres, mujeres y niños. Cuando un
hombre o un chico entre en contacto con un trabajador social, psicólogo
judicial, profesor, etc., esta persona será seguramente una mujer,
o – si de hecho no es una mujer- un miembro de una profesión
dominada por mujeres con una considerable tendencia en contra de los
hombres.
La misandría en la tendencia dominante.
Actualmente, el feminismo está tan establecido que incluso la
nieta de Mussolini, líder de un partido neofascista, se describía
a si misma como feminista. Sin embargo, el feminismo del siglo XX se
hilvana con la izquierda en general, y particularmente con el marxismo.
Esta es la parte del espectro político a la que le gusta utilizar
la palabra “opresión”.
Las feministas dependen muchísimo de la falacia de la representación masculina.
Señalan el número de varones que toman decisiones como
una evidencia de que el sistema favorece a los hombres. Este argumento
es extremadamente superficial y ha prosperado sólo gracias a
la falta de intelecto, objetividad y aportación masculina en
los Estudios de Género. Por lo tanto, los Estudios de Mujeres
son realmente más una ideología que una disciplina académica.
Las ideologías son semejantes a las religiones. Al igual que
las religiones, una ideología como el feminismo o el marxismo
es compatible con más o menos cualquier situación de los
asuntos del mundo real. Todo teólogo e ideólogo lo suficientemente
eficiente como para ganarse su sueldo puede explicar prácticamente
cualquier aparente contraargumento, si es necesario, como irrelevante
para sus creencias, y consecuentemente compatible con ellas. Sin embargo,
las religiones tienen otro campo de acción que les proporciona
mayor durabilidad que a las ideologías. Los errores políticos,
económicos y militares suelen ser reprochados a los gobiernos
y a sus ideologías más a menudo que a las religiones.
Por este motivo las ideologías vienen y van.
El marxismo no es ya la fuerza que era. El feminismo ha estado ahí
más tiempo que el marxismo, y está llamado a debilitarse
por la práctica muerte del marxismo, debido a la alianza de facto
entre los dos (por ejemplo, La dialéctica del sexo: en defensa
de la revolución feminista, Shulamith Firestone, 1971). El feminismo
comenzó como una ideología perdedora, pero lleva ya mucho
tiempo firmemente afianzado en el sistema. Esto está ayudando
a retirar las anteojeras de todos los hombres embaucados con sus protestas
de opresión. De hecho, estoy bastante satisfecho de que Nueva
Zelanda (en el momento en que esto se está escribiendo) tenga
una Gobernadora-General mujer, una Primera Ministra mujer, una líder
mujer del principal partido de la oposición, una Jefe de Justicia
mujer, y una presidenta femenina de Telecom, la compañía
más grande del país, porque esta situación hace
más difícil para las feministas retratar a todas las mujeres
como víctimas del “Patriarcado”. A medida que las
feministas consoliden su poder, la gente las verá como el Sistema.
Junto a este estatus llega el descarnado escrutinio que llevan tanto
tiempo eludiendo, el cual no puede ayudar sino a su eventual desaparición.
La comparación de las mujeres con las minorías oprimidas
se ha realizado en general de un modo completamente desequilibrado.
Su búsqueda de similitudes entre las mujeres y los grupos minoritarios
auténticos ha sido más que un poco tendenciosa. Las obvias
diferencias entre las mujeres y las minorías auténticamente
oprimidas, por el otro lado, han sido decididamente ignoradas. Por ejemplo:
- Las mujeres son una mayoría numérica en la mayor parte
de los electorados;
- Tienen una esperanza de vida superior a la de los hombres;
- Sus enfermedades son mucho más investigadas que las enfermedades
masculinas;
- La Ginecología es un campo de la medicina por derecho propio,
pero las dolencias específicamente masculinas están ocultas
dentro de la Urología; en la mayor parte de las universidades;
- Las mujeres tienen el voto, pero no tienen que hacer el servicio
militar o su equivalente alternativo en los países donde los
hombres tienen que hacerlo.-Por ejemplo Alemania y los Estados Unidos-
tampoco son reclutadas en la primera línea del frente (ni siquiera
en Israel);
- Las mujeres tienen muchas más probabilidades de conseguir
la custodia de los hijos en los procesos de separación y divorcio;
- Hay muchos más hombres que mujeres encarcelados, incluso cuando
las mujeres salen indemnes de los procesos por los crímenes de
sus parejas masculinas.*
* Nota del traductor: El punto expuesto aquí por Peter Zohrab,
se entenderá mejor si se ejemplifica con el caso muy conocido
y reciente para los lectores castellanos de la corrupción en
el ayuntamiento de Marbella, considerada a través de las experiencias
de dos de sus más destacados protagonistas, Julián Muñoz
y Maite Zaldívar. Si bien ambos resultaron directamente beneficiados
de la ganancia económica ilegal resultado de esta trama delictiva,
el principal imputado y penado fue el varón, resultando muy difícil
el creer que Maite Zaldívar no intuyese la procedencia irregular
de tan desproporcionadas cantidades de dinero, que enriquecían
la unidad familiar y aumentaban su calidad de vida, elevándola
a un nivel muy superior del que correspondía según el
valor real del sueldo de alcalde de su marido, más aún,
habiendo declarado públicamente el haber visto entrar en la vivienda
familiar bolsas de basura repletas de dinero de procedecencia no aclarada.
Sin embargo, y a pesar de haberse beneficiado directamente de una acción
ilegal que seguramente conocía, su marido está recibiendo
la mayor condena, el cual, asumiendo su rol, también se implicó
más directa y activamente en el logro de los beneficios ilegales
que después disfrutó la pareja en conjunto.
Las feministas se creen sus propias mentiras. Por eso casi nunca buscan
la igualdad con los hombres en las áreas en las que los hombres
están en desventaja comparados con las mujeres- ¿Cuantas
manifestaciones has escuchado demandando que las mujeres sean reclutadas
en las mismas condiciones que los hombres? Ciertamente, muchas feministas
son implacables a la hora de utilizar sus posiciones de poder para hacer
avanzar su causa. Hasta que esto cambie, ¿es verdaderamente una
buena idea promocionar a más mujeres todavía a posiciones
de poder aun mayores? Como dice el “Falso Profeta”:
No tiene ningún sentido el exaltar al humilde y al manso. No
continúan siendo humildes y mansos una vez que se les ha exaltado.
(Martin Burke, el “Falso Profeta,”antiguamente en:www.tribal.com/newtrib/inter3.htm)
Actualmente el feminismo es hasta tal punto una parte del sistema
en Occidente que resulta difícil para la gente- especialmente
para aquellos que han estado sometidos a un “educadoctrinamiento”
universitario convencional-el imaginarse otra visión mundial
alternativa. Uno de los pocos contextos en los que puede vislumbrarse
una de estas visiones alternativas es la siguiente descripción
del debate que precedía a la preparación de un curso de
“Introducción a la teoría feminista” en una
universidad americana a comienzos de la década de los 80.
“Hace unos ocho años, cuando decidí desarrollar
en la Universidad Williams un curso titulado “Introducción
a la teoría feminista”, muchos de mis colegas tenían
dos reacciones predominantes y por lo general inconsistentes. Uno de
mis colegas tildó al curso como “una polémica política”.
Resultó que el veía la teoría feminista como una
ideología monolítica dentro de la cual los estudiantes
ingenuos serían adoctrinados. Otro colega criticó al curso
casi por las razones opuestas: El no veía nada teórico
en la globalidad de la teoría feminista. Haciéndose eco
de muchas críticas tempranas del pensamiento feminista, lo describía
como una mezcla al azar de quejas que señalaban, pero apenas
analizaban, la subyugación de la mujer.”
(Tong: Pensamiento feminista: una introducción global. Boulder,
Colorado: Editorial Westview, 1989, pág.1)
Rosemarie Tong ganó la discusion, y los estudiantes de la Universidad
Williams (como en cualquier otro lugar) escucharían pocos argumentos
más a parte de estos en contra del feminismo; en vez de eso,
muchos estudiantes medio ingenuos fueron auténticamente adoctrinados
en una ideología que, aunque no del todo monolítica, se
basó en el axioma de que las mujeres están oprimidas,
y se dedicó a liberar a las mujeres de esta supuesta opresión.
Tiene cierta validez, también, para la crítica el que
el feminismo no sea tanto una teoría (o grupo de teorías
correlacionadas) como una asistemática colección de quejas
(o “protesta organizada”)
“Los ataques feministas contra los varones son otra más
de las fuertes acusaciones que desde la ciencia y el método científico
pueden hacerse. En gran cantidad de campos científicos, se me
hace claro que la evidencia con la que feministas como Kate Millet y
Ti-Grace Atkinson suelen apoyar su causa es, en conjunto, irresponsable
en su selección y…estrecha e injustamente interpretada…”
(Tiger: ¿Dominio masculino? Si, desgraciadamente. ¿Un
complot sexista? No. Reimprimido en Ruth (1980), pág. 205)
El calibre intelectual de los argumentos expuestos por las feministas
es frecuentemente muy bajo, ya que no se ven obligadas a defenderse
de críticas organizadas, sistemáticas procedentes de escuelas
de pensamiento contrarias, como sucede con la mayor parte de las disciplinas
académicas. La gente que lee lo que escriben las feministas generalmente
son ya leales partidarios, y algunos académicos que discrepan
son frecuentemente intimidados por miedo de lo que las feministas puedan
hacerles a ellos o a sus carreras, si manifiestan su desacuerdo. Así
la analogía más próxima a un Departamento de Estudios
de las Mujeres es un Colegio Teológico
Otro motivo de la pobreza del contenido teórico del pensamiento
feminista es que el feminismo es, primero y principalmente, un movimiento
político. Al igual que el marxismo, el feminismo está
más interesado en cambiar el mundo que en analizarlo. Por eso,
en la mayor parte de los casos, no se recuestan y echan una mirada equilibrada
y racional a la sociedad. Más bien, hacen al respecto tanto análisis
racional como creen necesario para respaldar sus demandas políticas,
o para formular otras nuevas.
Una tercera razón de la pobreza teórica del feminismo
es que éste tiene que ver con la sociedad, lo cual significa
que la teoría feminista sólo puede desarrollarse hasta
el punto en que lo está el conjunto de la Sociología.Mucha
gente estará de acuerdo en que la Sociología está
lejos de alcanzar el estatus científico de una materia como la
Química, por ejemplo.
Conclusión.
El feminismo es un constructo teórico intelectualmente deficiente,
y no sobrevivirá a ningún ataque académico sostenido
una vez que la mentira de la representación masculina se reconozca como tal. De
lo que más están adoleciendo los académicos masculinos
en la actualidad es del coraje para atacar al feminismo frontalmente.
Hasta que eso cambie, las denuncias del feminismo tendrán que
venir principalmente de las académicas femeninas o de los varones
no académicos.
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