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Introducción
Este capítulo hace un pequeño sondeo de algunas formas
históricas de feminismo. No ha sido concebido originalmente como
un ataque contra el feminismo, ya que esta ha sido la función
del resto del libro. Más bien pretende dar un relato histórico
de la ideología feminista y el movimiento político, el
cual ha sido también conocido como el Movimiento de Liberación
de la Mujer, o el Movimiento de las Mujeres. La diferencia entre estos
dos términos estriba en que la palabra “feminismo”
se utiliza a veces para referirse estrictamente a la teoría o
ideología, mientras que los términos “Movimiento
de las Mujeres” y “Movimiento de liberación de las
mujeres” hacen referencia también a actividades políticas.
Feminismo Individualista / Liberal.
El feminismo individualista recibió su primera formulación
consistente en el texto de Mary Wollstonecraft Vindicación de
los Derechos de la Mujer (1792). Este se enmarcaba en la teoría
social y política individualista tradicional del siglo 18, derivada
en última instancia del Segundo Tratado de Gobierno de John Locke
(1689), de acuerdo con el cual la ley suprema iba a ser el bienestar
de la gente. Distaba un paso bastante pequeño desde este mencionado
principio hasta fijarse en varias categorías de personas- tales
como las mujeres- y preguntarse que era lo que el sistema hacía
por o para ellas. Desde nuestra posición aventajada, deberíamos
cuestionarnos la tendenciosidad de quiénes decidían que
categorías de personas se investigaban, pero este es otro tema.
Wollstonecraft señaló que cuando la gente se refería
a “la gente” o “los humanos”, casi siempre se
referían a los hombres. Las mujeres eran contempladas principalmente
en relación a los hombres; por ejemplo, como compañeras
sexuales y cuidadoras de los hijos de los hombres, etc… Ella afirmaba
que las mujeres debían ser consideradas desde el principio como
personas por derecho propio, y sólo secundariamente como amas
de casa y esposas, etc… de los hombres.
Un contenido importante en su libro es que los hombres utilizaban la
educación para adiestrar a las chicas para realizar los roles
dependientes “mujeriles” que los hombres habían trazado
para ellas. Este, ciertamente, es un tema recurrente en la totalidad
de la literatura feminista. Wollstonecraft reclama igualdad de derechos
civiles entre hombres y mujeres. No dice demasiado sobre los derechos
políticos para las mujeres, aunque existen indicios de que también
intentó escribir algo sobre este tópico.
El texto de John Stuart Mill El Sometimiento de las Mujeres fue un
importante texto feminista del siglo 19, escrito bajo la influencia
de su última esposa, Harriet Taylor. Las propuestas de Mill son
similares a las de Wollstonecraft. Pero el va más allá,
afirmando que las mujeres deberían tener el voto. En la parte
en que se refiere al empleo, también afirma que las mujeres deberían
ser libres para ingresar en la ocupación de su elección
(incluyendo el matrimonio y la crianza de los niños, si esta
fuese su opción preferida)
Fundamental para la filosofía de Mill, el utilitarianismo, es
el concepto de optimizar el mayor bien para el mayor número de
personas; es decir, la prioridad ética se vinculaba al mayor
bien del mayor número de personas. De acuerdo con la mayor parte
de expertos en la obra de Mill, la noción de “igualdad”,
que es en general tan básica para los textos feministas, no parecía
derivarse tan obviamente de los principios utilitarianos. No es lógicamente
necesario que “la igualdad” entre los diferentes grupos
o individuos en la sociedad sea inevitablemente una manera de producir
el mayor bien para el mayor número de personas.
Podría argumentarse, por ejemplo, que algunas personas son
mejores que otras produciendo riqueza. Por tanto, si deseas maximizar
la riqueza en una sociedad concreta, tendrías que organizar derechos
especiales y privilegios para estas personas con el propósito
de alcanzar tu objetivo global de maximizar el bienestar material de
la población en su conjunto. Mill tuvo que añadir su principio
de la igualdad casi como una reconsideración de último
momento antes de que el pudiese construir su línea de razonamiento
feminista.
Al margen de todo esto, el intenta demostrar como todo el mundo se
beneficiaría concediendo a las mujeres igualdad legal con los
hombres, argumentando que la liberación de las mujeres resultará
en una clara ganancia en la cantidad de felicidad para la humanidad
(mankind)*. Esto es así porque, de acuerdo con las anteriores
palabras de Locke, la “servidumbre” de las mujeres en el
matrimonio hace infelices a muchas de ellas. El también afirma
que la humanidad (mankind) (término con el que se refiere, según
el actual modo de hablar feminista, a la “humanidad” (“humankind”)
** se beneficiará si el pleno potencial de la mujer es liberado,
educado, y empleado para el beneficio de la totalidad. Y los matrimonios
serían más felices si los hombres y las mujeres fuesen
igualmente bien educados. El creía que la felicidad en el matrimonio
dependía de que los cónyuges fuesen lo más similares
y unificados posible.
En el transcurso del siglo 19, las feministas obtuvieron mayores oportunidades
educacionales en las escuelas y universidades y el ingreso de las mujeres
en las profesiones. Las leyes referidas al divorcio, los derechos de
propiedad de las mujeres casadas, y el control de los niños fruto
del matrimonio fueron también modificados en una dirección
que favorecía a las mujeres. Más todavía, a comienzos
del siglo 20, como muy tarde, las mujeres consiguieron el derecho al
voto en la mayor parte de los países occidentales. El gran paso
adelante para las feministas llegó en 1869, cuando las mujeres
consiguieron el voto en el Estado Americano de Wyoming, y el primer
estado soberano que otorgó el voto a las mujeres fue Nueva Zelanda-en
1893. Sin embargo, en ningún país obligaron los hombres
a las mujeres a estar sujetas a reclutamiento en primera línea
del frente, a cambio de haber recibido el voto. Esto demuestra las escasas
consideraciones que se habían hecho acerca de la igualdad de
derechos y responsabilidades.
*/** Nota del Traductor: A lo largo de este párrafo el autor
utilizará para referirse al concepto castellano de humanidad
dos términos ingleses distintos, mankind y humankind. El primero
de ellos, mankind, es de utilización más tradicional y
antigua, más propio de los tiempos de la obra que precisamente
analiza en estas líneas, y al incluir en su raíz la voz
man (hombre, en inglés) se refiere a humanidad desde una definición
androcéntrica. Esto se asimila al uso que en castellano se ha
hecho del término “el hombre” para englobar a la
humanidad entera principalmente en diferentes disciplinas académicas.
Más adelante utiliza el concepto más igualitario humankind,
(especie humana), que no hace referencia en su enunciado ni a hombres
ni a mujeres y carece por lo tanto de cualquier sesgo sexista.
Después de que el sufragio para las mujeres fuese obtenido en
muchos países, intervino la Segunda Guerra Mundial. Esto posiblemente
produjo una interrupción en las pugnas políticas de las
feministas, quizás porque ellas no deseaban verse forzadas a
servir como soldados en el campo de batalla. Esta obligación
podría razonablemente haberse esperado de ellas de haber continuado
agitando durante la guerra. Y cuando la contienda hubo finalizado, la
gente necesitó tiempo para olvidar a los hombres que habían
perdido sus vidas y/o miembros durante la guerra.
Pero con toda seguridad, después de un intervalo considerable,
una mentalidad de período de paz se desarrolló rápidamente
en las sociedades occidentales para las cuales la hipocresía
de algunas de las demandas feministas de “igualdad” no parecía
tan deslumbrantemente obvia. Esto no fue maquinado- el proceso es natural,
como la mayoría de la gente prefiere tratar a la guerra como
un mal sueño ¡desean despertarse de él lo más
pronto posible!- Y desde la perspectiva de una feminista lesbiana, los
hombres son siempre prescindibles.
Este período posterior a la guerra señaló la
auténtica segunda ola del feminismo, una época en que
pareció adecuado llamar la atención de un modo creciente
sobre el modo en que el rol de las mujeres en la familia las impedía
tener profesiones hasta el punto en que lo hacían los hombres.
Esta actitud implicaba que los roles de esposa y madre eran de algún
modo inferiores a los de los trabajadores asalariados en un puesto de
trabajo (o esclavos del sueldo en la “carrera de las ratas”,
como lo expresarían algunos).
Un libro promocionando esta línea dentro de la tradición
del Individualismo Feminista fue el de Betty Friedan La Mística
Femenina (1963), el cual continuaba relativamente cercano al de Simone
de Beauvoir El Segundo Sexo (1953) (ver más abajo). El propósito
de Friedan para la sociedad y las vidas de las mujeres era que éstas
estuviesen organizadas para maximizar la habilidad de las mujeres para
tener una profesión y al mismo tiempo una familia. Ella opinaba
que las amas de casa americanas de clase media, residentes en un suburbio,
blancas, heterosexuales estaban destinadas a sentirse insatisfechas
y aburridas, a no ser que tuviesen un puesto de trabajo a tiempo completo
fuera del hogar:
“La ciencia no debería relevar a las amas de casa de un
exceso de trabajo fatigoso; en lugar de eso debe concentrarse en crear
la ilusión de ese sentido del éxito que las amas de casa
parecen necesitar” (la Mística Femenina, cuarta impresión,
Junio de 1964, p 172)
Esto, por supuesto, no sería un problema en los países
y clases sociales donde los aparatos que quitan trabajo fuesen inasequibles.
Pero lo que más nos interesa aquí es como Friedan parece
dar por seguro que cualquier sentimiento de éxito experimentado
por las mujeres sería necesariamente una “ilusión”.
Esta es una opinión muy subjetiva. Es obvio que Friedan claramente
no piensa que un sentimiento de éxito en una profesión
fuera del hogar fuese necesariamente ilusorio-tanto para los hombres
como para las mujeres. Tampoco cree que una mujer pueda ser al mismo
tiempo ambas cosas, femenina y completamente humana:
“Escogiendo la feminidad por encima del doloroso crecimiento
hacía la identidad completa, no alcanzando nunca el núcleo
duro de uno mismo que no resulta de la fantasía sino del dominio
de la realidad, estas chicas están condenadas a soportar finalmente
que están aburridas, que experimentan sentimientos difusos o
carentes de propósito, inexistencia, desimplicación con
el mundo lo que puede llamarse anomia, o falta de identidad, o apropiadamente
vivenciarse como el problema que no tiene nombre”. (La Mística
Femenina, cuarta impresión, Junio 1964, p 172).
Esta es la misma confusión de género-rol que ha afectado
a muchas feministas; de algún modo se las arreglan para equiparar
la femineidad con la carencia de una identidad. Lo que esto demuestra
realmente es la frustración que las escritoras feministas bisexuales
de clase media experimentaban al tener que ajustarse a los modelos-roles
“femeninos”, y porque deseaban transformar a más
mujeres a sus personalidades más masculinas. Ellas deseaban retirar
el poder de las mujeres femeninas y atractivas, cuyas personas estaban
centradas en cooperar con los hombres, y crear una cohorte de mujeres
cuyas personas estuviesen centradas en competir con los hombres. Claramente
las feministas lesbianas están sencillamente en el extremo final
de este movimiento lésbico encubierto. Desde su perspectiva,
el famoso “problema que no tiene nombre” de Friedan es en
realidad el “problema” de la heterosexualidad- no podría
dársele un nombre porque su auténtico nombre repelería
a las conversas. A pesar de esto, algunos la consideran menos radical
que sus predecesores:
El libro de Betty Friedan de 1963, La Mística Femenina, era
en ciertos aspectos menos “radical” que los de Wollstonecraft,
Taylor o Mill. A pesar de la implícita comprensión de
Friedan de la mujer como una clase sexual desprovista de poder, frecuentemente
expresó en sus escritos que las mujeres individuales pueden,
mediante el puro esfuerzo, avanzar hasta los rangos de la poderosa clase
sexual conocida como “el hombre”.Su tendencia, por lo menos
en La Mística Femenina, fue olvidar que esto es más fácil
de decir que de hacer, mientras que los hombres estén generalmente
a cargo de la contratación y promoción. (Tong 1989,22)
Tong cree que el énfasis de Friedan en la “autosuperación”
individual constituye una distracción de la actividad radical
dirigida a cambiar la sociedad a través de medios políticos,
y critica a Friedan por no ser lo suficientemente analítica como
para buscar barreras para las mujeres que realizan carreras fuera del
hogar. Muchos años después, sin embargo, Friedan solucionó
hasta cierto punto esta omisión con un segundo libro, La Segunda
Etapa:
“En la primera etapa, nuestro propósito era la plena participación
(del movimiento de la mujer)…Pero nos desviamos de nuestro sueño.
Y en nuestra reacción en contra de la mística femenina,
la cual definía a la mujer únicamente en términos
de su relación con los hombres como esposas, madres y cuidadoras
del hogar, algunas veces parecimos caer en una mística feminista
la cual negaba ese núcleo de la personalidad de las mujeres que
se colma a través del amor, la crianza, el hogar.” (Friedan,
op.cit., 27)
Así el principal énfasis del feminismo liberal/individualista
fue puesto en apartar las barreras que impedían a las mujeres
el competir con los hombres en condiciones de igualdad en el trabajo
asalariado. Y éste continúa siendo su propósito
principal, a pesar de que muchas de estas barreras ya no existen. Irónicamente,
una interpretación estricta del modelo de las feministas liberales/
individualistas no se ajusta bien con el pensamiento feminista hoy en
día dominante: Si las mujeres todavía no logran tanto
como lo hacen los hombres en la vida pública, la responsabilidad
queda únicamente en el individuo (diría una feminista
liberal). Tu no puedes simplemente echar un vistazo a cualquier desigualdad
entre los logros de los hombres y las mujeres en el puesto de trabajo
y deducir a partir de eso que todavía deben existir algunas barreras
sexistas para el éxito de las mujeres.
Este tema es relevante para tratar esas cuestiones del estilo a qué
les sucede a las mujeres cuando vuelven a ser fuerza laboral activa
después de una ruptura de muchos años, durante la cual
han estado ocupadas criando a sus niños. Algunas feministas sostienen
que estas mujeres deberían reingresar al mundo laboral con el
mismo nivel de salario y veteranía disfrutado por sus colegas
(masculinos y femeninos) que ejercieron su profesión de un modo
continuo durante el periodo en cuestión. Considero este posicionamiento
feminista injusto por tres razones:
En primer lugar, quien da empleo otorga veteranía (al menos,
teóricamente) no basándose en la edad, sino en la experiencia
y habilidades adquiridas. Puede suponerse que una persona que se ha
ausentado del puesto de trabajo no haya adquirido el mismo nivel de
experiencia y habilidad. Las feministas responden que ser madre proporciona
una experiencia y habilidad más relevante-pero este es un argumento
completamente inconsistente. Depende de las ocupaciones a las que hagamos
referencia.
Obviamente, ser madre es hasta cierto punto relevante para una profesión
de au pair, niñera, cocinera, enfermera o puericultora. Sin embargo,
¡es irrelevante para una carrera de oficinista, técnico
de laboratorio, oficial de policía o minero! Un análisis
descriptivo del trabajo relevante puede ser realizado por cualquier
persona medianamente inteligente, y a continuación ser comparado
con el de un ama de casa/madre. Cualquiera que se trague el cuento del
argumento feminista general de que ser madre es igualmente significativo
para cualquier ocupación, no debería tener permiso para
manipular herramientas afiladas, manejar un vehículo de motor
u ocupar cualquier posición que requiera de más de una
rudimentaria capacidad de razonamiento. Su argumento está repleto
de incompetencia intelectual.
Segundo, ¿Qué sucede con las personas que se ausentan
de un determinado empleo por otras razones? Sería absurdo e injusto
concederles la misma veteranía y sueldo que a sus colegas que
han permanecido en el mismo puesto de trabajo- más aún
sería igualmente absurdo e injusto negárselo si se les
concede a las madres que regresan a la vida laboral.
Por último, las mujeres que tienen hijos (normalmente) lo hacen
de un modo voluntario, y el criar y educar a los niños es intrínsecamente
una labor gratificante. No es como si alguien las estuviese obligando
a hacerlo. Aquellas feministas que creen que todos los hombres están
involucrados en una omnipresente conspiración patriarcal para
subyugar a todas las mujeres están paranoicas.
Es verdad, ciertos hombres obtienen satisfacción de ser el
sostén de la familia y siendo esperados por las mujeres para
dedicarse exclusivamente a ellos, y algunos hombres y mujeres fomentan
activamente esta visión de la sociedad. Pero aquí existe
un acuerdo estilo quid pro quo- el hombre tiene cargas que debe sobrellevar
en época de guerra y otras emergencias. Es cierto también
que normalmente no son los hombres quienes tienen que elegir entre los
hijos y las profesiones; pero por otra parte, a los hombres también
se les niegan algunas de las alegrías de la maternidad, por lo
tanto es solamente equitativo que las mujeres sean incapaces de conseguirlo
todo. Especialmente cuando las madres tienen más probabilidades
de recibir la custodia de los niños después de la separación
o el divorcio.
Llegó el momento en el que el feminismo individualista alcanzó
la mayor parte de sus objetivos en los países occidentales. Un
cínico podría añadir que el feminismo se veía
por ello en la necesidad de hacer nuevas peticiones. Ciertamente, una
vez que un movimiento político ha alcanzado determinados triunfos
políticos, estos triunfos se vuelven parte del status quo y el
movimiento político implicado tiene la libertad de examinar el
nuevo status quo para comprobar si está completamente satisfecho
con él, o si opina que ulteriores “mejoras” podrían
o deberían realizarse.
Generalmente, cuando los activistas alcanzan sus metas políticas
tienden a dormirse en sus laureles hasta cierto punto, y frecuentemente
se produce una pausa hasta que las generaciones sucesivas crecen tomando
estos logros como normales y consideran el organizar nuevas campañas.
Sin embargo, la reciente institucionalización y financiación
del feminismo perpetuo a través de los departamentos de Estudios
de las Mujeres, los Ministerios de Asuntos de las Mujeres y las organizaciones
de mujeres subvencionadas por el Estado y patrocinadas privadamente,
están contradiciendo esta tendencia.
Feminismo socialista/marxista.
Los Feminismos socialista y marxista son muy parecidos entre si. Como
explica Tong:
“Mientras que las feministas socialistas creen que el género
y la clase juegan un papel aproximadamente igualado en la opresión
de las mujeres, las feministas marxistas opinan que en último
término la clase explica mejor el status y las funciones de las
mujeres. En un sistema capitalista, argumentan, las mujeres burguesas
no padecerán la misma clase de opresión que las mujeres
proletarias. Lo que es característico del marxismo feminista,
entonces, es que éste invita a todas las mujeres, lo mismo si
son proletarias que burguesas, a entender la opresión de las
mujeres no tanto como el resultado de acciones intencionadas de individuos
sino como la consecuencia de las estructuras políticas, sociales
y económicas asociadas con el capitalismo” (Tong 1989,39)
Fue el feminismo socialista junto con el feminismo radical (ver más
abajo), quienes crearon la vanguardia de la Segunda Ola del Feminismo.
El socialismo (incluyendo el socialismo marxista/comunismo) ha sido
un movimiento muy complejo. Con todo, salvo escasas excepciones (como
por ejemplo la del escritor francés Proudhon), los socialistas
favorecieron al feminismo desde el comienzo. Hubo posiblemente dos motivos
para esto: En primer lugar, El socialismo surgió en una etapa
históricamente posterior a la del individualismo, cuando el feminismo
ya era una ideología prometedora; En segundo lugar, el socialismo
generalmente era enemigo de la institución de la familia. Esto
resultaba atractivo para aquellas feministas que deseaban desconectar
a las mujeres de su rol en la familia.
Para la mayor parte de tipos de socialismo, no iba a haber para la
familia una propiedad privada que conservar y transmitir a las siguientes
generaciones. Así que no habría necesidad de criar a los
hijos en privado o atar a las mujeres al hogar.
Uno de los trabajos más importantes dentro de la tradición
del socialismo feminista fue el libro de Simone de Beauvoir El Segundo
Sexo. Influenciada por Jean-Paul Sartre, fue existencialista y marxista
a la vez. El libro de Juliet Mitchell La Condición de la Mujer
(1971) fue otro influyente trabajo feminista marxista. Ella consideraba
oportunos los esfuerzos de las feministas radicales (ver más
abajo) para animar a las mujeres a analizar su propia situación,
pero pensaba que los resultados de este proceso de análisis requerirían
la añadidura de la teoría marxista sobre ellos para dotarlos
de algún sentido.
Uno de los temas principales referidos al marxismo feminista es el
trabajo doméstico. Sostienen que incluso cuando las mujeres tienen
empleos a tiempo completo la carga de trabajo de su hogar permanece
a la vez infravalorada y no disminuida: Si las mujeres no lo estuviesen
haciendo gratuitamente, habría que pagarle a alguien para hacer
las compras, cocinar, limpiar la casa, y cuidar de los niños,
etc. Pero las sociedades capitalistas, exponen, consideran a las mujeres
como simples consumidoras (utilizando el dinero que sus parejas masculinas
ganan como productores).
Algunas feministas marxistas creen que las mujeres están oprimidas
porque ven a las mujeres como básicamente parasitarias, el trabajo
de un ama de casa como algo sencillo, y de escaso valor. Por lo tanto
han propuesto la socialización y colectivización del trabajo
doméstico de las mujeres. Lo que desean es que la gente viva
comunalmente, de este modo la crianza de los niños, el cocinar
y el trabajo del hogar se realizan en gran medida por trabajadores asalariados.
Este trabajo adquirirá entonces un valor económico y su
valía será oficialmente reconocida- incluso si siguen
siendo principalmente mujeres quienes lo realicen.
Otro argumento de las feministas marxistas es que el trabajo doméstico
de una mujer en un hogar particular debería recibir un sueldo.
Este sueldo tendría que ser pagado por el Gobierno. De acuerdo
con Tong (1989), sin embargo, existe otro punto de vista del marxismo
feminista que mantiene que el pagar a las mujeres por hacer las labores
domésticas incluya tres desventajas.
- Haría más probable el que las mujeres quedasen aisladas
en sus propias casas. Su trabajo se volvería cada vez más
trivial, a medida que estuviesen a su disposición más
y más aparatos para minimizar las tareas. Se harían cada
más susceptibles a la neurosis suburbana
- La relación de la mujer respecto al resto de la familia sería
establecida sobre una base comercial, cuando muchos marxistas desearían
escapar de lo que consideran como la tendencia del capitalismo a comercializarlo
todo.
- Esto afianzaría la tradicional división del trabajo
basada en el sexo- haciendo más probable que los hombres permaneciesen
trabajando fuera de la casa, y las mujeres dentro de la casa.
El feminismo existencialista.
Como se señaló más arriba, de Beauvoir era tanto
existencialista como marxista. Esto lleva a autores como Tong (1989)
a clasificarla en primer lugar como una feminista existencialista, más
que como una feminista marxista.
Para entender del todo el feminismo existencialista, uno debería
entender el existencialismo, y estaría fuera del alcance de este
libro divagar sobre los detalles de la teoría existencialista.
Sin embargo, la característica esencial del feminismo existencialista
es que éste toma las categorías positivas, activas del
existencialismo y se las aplica a los hombres, y toma las categorías
negativas, pasivas y se las aplica a las mujeres- entendiendo así
que las mujeres están en desventaja y oprimidas.
“El Segundo Sexo de Simone de Beauvoir, probablemente el texto
teórico clave del feminismo del siglo XX, ofrecía una
explicación existencialista de la situación de la mujer.
De Beauvoir argumentaba que la mujer esta oprimida en virtud de la otredad.
La mujer es la Otra porque no es hombre. El hombre es el individuo,
el libre, el ser determinado que define el sentido de su existencia,
y la mujer es la Otra, el objeto cuyo significado le es establecido
por los demás. Si la mujer tiene que convertirse en un ser propio,
un sujeto, debe, igual que el hombre, trascender las definiciones, etiquetas
y esencias que limitan su existencia. Tiene que hacerse a sí
misma ser todo lo que quiera ser” (Tong, op.cit.6).
El feminismo cultural.
Mujeres en el siglo XIX (1845) de Margaret Fuller fue el primer trabajo
feminista cultural significativo. El feminismo cultural se pone en marcha
para convencernos de que los hombres y las mujeres no sólo son
diferentes los unos de los otros, sino que los valores de las mujeres
son superiores a los de los hombres; y de que los valores de las mujeres
deberían sustituir a los valores de los hombres. En otras palabras,
esto es supremacía femenina.
¿Qué sucede con las mujeres que se comportan mal? La
mayor parte de las feministas insisten en que estos casos son el resultado
de la socialización, la educación y la formación
en una sociedad patriarcal. Por esa regla de tres, sin embargo, los
supuestos aspectos “positivos” de “los valores de
las mujeres” deben derivar también de la misma fuente.
¡Esto significa que tanto los aspectos positivos como los negativos
de los valores y la conducta de las mujeres podrían desvanecerse
como un resultado de la ingeniería social propuesta por las feministas
culturales!
Mientras las feministas liberales del siglo XIX se concentraban en
los temas políticos y legales, las feministas culturales examinaban
instituciones como la religión, el matrimonio, y el hogar. Ellas
miraban, más allá de la posibilidad de igualdad política
y legal entre las mujeres y los hombres, a los cambios en la sociedad
que creían podrían o deberían resultar de esta
igualdad. La idea, simplemente, era que los hombres habían estado
haciendo un caos de la situación y las mujeres harían
una tarea mejor dirigiendo o ayudando a dirigir el mundo.
Algunas feministas culturales creen en el mito de un matriarcado primordial,
en el que el pacifismo, la cooperación, el consenso pacífico
de las diferencias y una regulación armoniosa de la vida pública
estaban a la orden del día y marcaban la tónica -- en
contraste con la destrucción, la tiranía, y la guerra
que son supuestamente las que han caracterizado al patriarcado. Calificándola
de mito, no estoy diciendo que esta creencia sea necesariamente incorrecta—solamente
que se trata de una fábula no probada referida a acontecimientos
históricos la cual es capital para una explicación concreta
de la sociedad.
Incapaces de encontrar algún “matriarcado” en la
época presente, muchas feministas recurrieron a inventarse un
idílico Paraíso Perdido Matriarcal en las oscurecidas
brumas de la prehistoria. A pesar de que no existen evidencias académicas
aceptables de esto, se ha convertido en un hecho aceptado dentro de
los “Estudios de Mujeres”.(www.patriarchy.com/~sheaffer/patriarchy.html)
El darwinismo social (Spencer, 1851) fue una importante influencia
sobre el feminismo cultural. Esta teoría aplicaba la noción
cuasi-darviniana de la “supervivencia de los más aptos”
a las sociedades humanas, razas y personas individuales. Conllevaba
que cualquier sociedad próspera alcanzaba su éxito en
virtud de características que la hacían “más
apta” que las sociedades rivales. Las sociedades podían
ser “más aptas” de varias maneras, incluyendo:
- 1.Tasa de natalidad.
- Tasa de mortalidad infantil.
- Longevidad.
- Producción de alimentos.
- Población total.
- Área territorial total.
- Éxito en la guerra, etc.
El socialismo darvinista otorgaba un elevado valor a la agresión
y competitividad masculinas. Algunos darvinistas sociales eran partidarios
incluso de las competiciones mortales y la guerra como mecanismos selectivos
apropiados. Sin embargo, otra, menos difundida escuela del pensamiento
social darvinista, como la del libro de Charlotte Gilman Mujeres y Economía
(1898), preveía una tendencia diferente. Ellos opinaban que la
humanidad estaba evolucionando hacía una organización
más colectiva, precisando más cooperación y menos
competencia, más altruismo y menos egoísmo.
Feminismo psicoanalítico.
El pensamiento central del feminismo psicoanalítico se asemeja
bastante a lo que sigue:
“Las feministas psicoanalistas encuentran las raíz de
la opresión de las mujeres profundamente incrustada en su psique…
El complejo de Edipo, el proceso mediante el cual el chico cede su primer
objeto amado, la madre, con el propósito de eludir la castración
a manos de su padre. Como un resultado de rendir su identidad (o deseos)
al superego (conciencia social colectiva), el chico se integra completamente
en la cultura. Junto con su padre mandará sobre la naturaleza
y la mujer, ambos poseedores de un poder irracional similar. En contraste
con el chico, la chica, que no tiene un pene que perder, se separa poco
a poco de su primer objeto amoroso, la madre. Como resultado, la integración
de la chica en la cultura es incompleta. Ella existe en la periferia
o margen de la cultura como la que no dirige pero es dirigida, principalmente
porque… teme su propio poder.” (Tong 1989, 5)
La teoría psicoanalítica, sin embargo, es altamente especulativa,
y no lo suficientemente refutable como para considerarse (al menos,
desde mi punto de vista) como una teoría verdaderamente “científica”.
Además, encuentro aspectos de la descripción superior
un tanto inverosímiles—particularmente la noción
de que las mujeres están menos integradas en la cultura que los
hombres. Las mujeres maduran (tanto social como sexualmente) antes que
los hombres, y las mujeres típicamente muestran una interiorización
más completa de las normas culturales- es decir, se “comportan
mejor”- que los hombres. La sociedad realmente refleja los valores
femeninos más que los valores masculinos y dirige los valores
masculinos hacía el apoyo y protección de las mujeres.
La idea de que la naturaleza se asemeja a las mujeres más que
a los hombres es también altamente discutible.
El Feminismo radical.
Las feministas radicales tienden a rechazar al Estado en si, sin mencionar
muchas instituciones suyas, como una estructura patriarcal. Creen que
ni se trata de una institución neutral que media entre las fuerzas—el
resultado de un consenso flexible—ni de un foro mediante el cual
y con sus limitaciones las mujeres puedan alcanzar sus metas políticas
(tal como lo consideran las feministas liberales)
El feminismo radical es un producto de la segunda ola y tomó
el control donde facciones previas lo dejaron. Se han llevado a la práctica
menos ideas suyas de las que se han desarrollado con el individualismo
feminista o el feminismo socialista, sin embargo:
“Ha sido el feminismo radical el más innovador teóricamente,
rechazando definiciones tradicionales tanto de la política como
de la teoría, condenando al mismo tiempo todas las teorías
políticas previas como patriarcales. A diferencia del enfoque
marxista, no ha luchado para incorporar a las mujeres en una estructura
política preexistente, sino que en su lugar intenta cambiar nuestra
percepción completa de la sociedad, para reestructurarla en términos
de un radicalmente novedoso conjunto de interpretaciones centradas en
las mujeres. Su intención ha sido reformular las identidades
políticas; reivindicar el lenguaje y la cultura desde sus formas
masculinas; reubicar el relevante poder político; para reexaminar
la naturaleza humana y desafiar los valores tradicionales. (Coole, D.H.,
1988: Women in Political Theory, Las mujeres en la teoría política
p. 235).”
La diferencia principal entre el feminismo radical y otros tipos de
feminismo es que el primero niega cualquier tipo de diferencia psicológica
entre los sexos. La crianza y la educación son señaladas
como las responsables de los diferentes patrones de conducta de hombres
y mujeres, de acuerdo con esta opinión. Y la función de
la crianza y educación diferenciadas para los hombres y mujeres
se supone que es mantener la institución de la dominación
masculina (patriarcado). Las feministas radicales demandan la abolición
de todos los roles diferenciados sexualmente y la creación de
una sociedad andrógina. Es innecesario decir que esta es una
filosofía creada por lesbianas para favorecer a lesbianas.
“Algunas feministas radicales…continúan la lógica
de sus análisis hasta un punto en el que un movimiento unido
de mujeres de la izquierda general se vuelve difícil de realizar.
Desde su punto de vista, las capacidades fisiológicas de las
mujeres para la reproducción son similares a la producción
material de la clase trabajadora en el marxismo tradicional. Las mujeres,
entonces, constituyen una clase del mismo modo que lo hacen los trabajadores.
Del mismo modo que la clase trabajadora debe llegar a ser una clase
por si misma mediante el control de la producción, así,
también, las mujeres deben tomar el control de su reproducción
con el propósito de liberarse. Una extensión absoluta
de la analogía de clase debe conducir a la idea de la destrucción
de la clase previamente dominante- los hombres; o, por lo menos, a la
separación de ellos. Las radicales demandan que el lesbianismo
sea considerado no simplemente como un asunto de libertad de elección,
sino como una esencial política práctica para las feministas.”
(Meehan, Elizabeth (1990): British Feminism from the 1960s to the 1980s.
El feminismo británico desde la década de los sesenta
hasta los ochenta.págs.191-2)
Uno de los trabajos feministas mejor conocidos sobre sexualidad es
el de Germaine Greer El Eunuco femenino (1971). Este libro es uno de
los clásicos del feminismo radical. Es radical en el sentido
que reivindica que gente como Betty Friedan no avanzó lo suficiente.
Establecer un sistema femenino en oposición al sistema masculino,
como Friedan sugería, no ayudaría a la mayoría
de las mujeres, de acuerdo con Greer.
El trabajo de Shulamith Firestone La Dialéctica del Sexo (1970)
se engloba tanto en la categoría del feminismo socialista como
del feminismo radical. Este libro es inusualmente inteligente, claro,
lúcido y minucioso en su enfoque, para los patrones feministas.
Esto no quiere decir que lo que alega sea verdadero o sin distorsión.
Su autora con el tiempo terminó en una institución psiquiátrica,
lo cual no me resulta demasiado sorprendente.
Shulamith Firestone es una influyente escritora feminista que utilizó
el marxismo como punto de partida. Ella comienza citando al teórico
comunista alemán del siglo XIX Engels con aprobación,
aunque opina que el no fue lo suficientemente lejos:
Engels observó que la división original del trabajo fue
entre hombre y mujer con el propósito de criar a los niños;
que dentro de la familia el marido era el propietario, la mujer los
medios de producción, los niños el trabajo; y que la reproducción
de la especie humana era un importante sistema económico aparte
de los medios de producción. (Firestone, La Dialéctica
del Sexo, 1971, Nueva York: Bantam, págs. 4-5).
Incluso si tomamos una limitada, puramente física visión
de la reproducción, el análisis de Engels está
muy distorsionado. El varón, junto con la mujer, es parte de
los medios de la producción sexual. Y frecuentemente son necesarios
muchos actos de intercambio sexual para cada fertilización. Más
aun, el varón generalmente consume mucha más energía
que la mujer en estos actos de coito. Si existen juegos preliminares,
el hombre es típicamente mucho más enérgico en
esta fase de la relación sexual así como durante el coito
propiamente dicho.
Adicionalmente, el “propietario” final de los niños
varia considerablemente de una a otra cultura, y de época en
época. La última prueba, diría yo, es quien obtiene
la custodia del niño en casos de separación o divorcio.
En el mundo occidental, ésta es casi siempre la madre. De este
modo, en el mundo occidental contemporáneo, por lo menos, las
mujeres son las auténticas “propietarias” del “producto”.
En aproximadamente un 90% de los casos, de acuerdo al consenso de los
activistas de los derechos de los padres en Internet, las madres obtienen
la custodia exclusiva de los hijos después de un divorcio o separación.
Esta predisposición en contra de los padres frecuentemente asume
la forma de la “ Doctrina del Cuidador Natural”- la creencia
de que la persona que tiene la mayor parte de contacto en el día
a día con el niño es la persona mejor preparada para tener
la custodia tras la separación o divorcio.
Es un hecho bien documentado que los padres atraviesan una época
muy difícil a la hora de obtener la custodia, debido a los dominantes
prejuicios antipadre que todavía existen en muchas partes del
sistema de los juzgados de familia. (www.deltabravo.net/custody/index.shtml).
Lo que es más, la reproducción propiamente dicha incluye
todos los años dedicados a la crianza (alimentación, vivienda,
educación, etc…) de los niños. Típicamente,
por ser el principal sostén de la familia, los padres gastan
una sustancial proporción de su tiempo e ingresos con este fin.
Si, como se argumentó más arriba, es la madre quien es
la “propietaria” real de los niños, entonces es en
realidad la madre quien explota al padre en este sistema económico
concreto. Llegados hasta este punto, los hombres son actualmente una
minoría oprimida en la sociedad occidental. Son una minoría
genuina, no como las mujeres, que son una mayoría privilegiada
disfrazada por las feministas como una minoría oprimida.
Firestone opina que en aquellos puntos en los que el feminismo radical
y la biología humana estén en desacuerdo, ¡es la
biología humana la que debe ceder el paso! En otras palabras,
era lo suficientemente lúcida como para prever algunos conflictos
entre la teoría radical feminista y la realidad, pero como otros
muchos ideólogos que persiguen quimeras, no permitió que
esto la detuviese. Feministas más recientes han resuelto estos
problemas mintiendo sobre los hechos e intimidando a sociedades enteras
para creerse absurdos flagrantes (como ya hemos visto en los capítulos
precedentes). Cuando sociedades al completo se creen mentiras, esto
se llama “ideología”, “superstición”
o “religión”.
Firestone sustenta su propio análisis en las siguientes, en
parte no discutidas, afirmaciones sobre lo que hacer con lo que ella
denomina la “familia biológica”:
- Que las mujeres a lo largo de toda la historia hasta la llegada del
control de natalidad se encontraban continuamente a merced de su biología
– menstruación, menopausia, y las “enfermedades de
mujeres”, el doloroso y constante alumbramiento de niños,
las labores de nodriza y el cuidado de los pequeños, todo lo
cual las volvía dependientes de los varones… por su supervivencia
física.
- Que los niños de la especie humana necesitan un tiempo incluso
mayor para desarrollarse que los animales, y de esta manera están
indefensos y, al menos por un periodo de tiempo corto, son dependientes
de los adultos para su supervivencia física.
- Que en todas las sociedades ha existido de una forma u otra una interdependencia
básica madre/hijo, en el pasado o en el presente, y así
se ha modelado la psicología de cualquier mujer madura y cualquier
niño.
- Que las diferencias reproductivas naturales entre los sexos conducen
directamente a la primera división del trabajo en el origen de
la clase social, además de favorecer el modelo de castas (discriminación
basada en las características biológicas) (Ibíd.,
8-9).
Los términos “en el origen de” y “modelo”
parecen implicar que la división sexual del trabajo era un
condicionante previo para la irrupción de los fenómenos
de clase y casta. Firestone hace explícita su propuesta (aunque
ella sigue sin aportar ninguna evidencia que la sustente) en su definición
del materialismo histórico*:
-
* Nota del traductor: llegado a este punto Peter Zohrab parece querer
dar entrada a la definición del proceso de materialismo histórico
de Shulamith Firestone, sin embargo la versión del 2002 no
incluye dicha descripción, hecho que se considera una posible
errata del texto presente en Internet. Por lo tanto se incluye en
la presente nota el fragmento correspondiente a la visión del
materialismo histórico de Shulamith Friestone, tomada de la
versión de 1999 de Sex, Lies and Feminism, donde si se explica
este punto, junto a las críticas de Zohrab sobre el mismo.
“El materialismo histórico es esa visión del
curso de la historia que busca la causa última y la gran fuerza
motriz de todos los acontecimientos históricos en la dialéctica
de los sexos: la divisón de la sociedad en dos clases biológicas
diferenciadas destinadas a la reproducción procreativa, y las
luchas de estas clases entre sí, en los cambios de los modos
de matrimonio, reproducción y cuidado de los niños creados
por estas luchas; en el desarrollo conectado de otras clases diferenciadas
físicamente (castas); y en la primera división del trabajo
basada en el sexo, a partir de la cual se desarrolló (económica-culturalmente)
el sistema de clases.”
Más a su favor todavía, Firestone desdeña los
esfuerzos de algunas feministas por atribuir las causas de estos hechos
a factores ambientales. Ella alude a la casi universalidad de estas
situaciones dentro del conjunto de la humanidad, además de
en otras especies animales. Si la causa es el entorno, ¿por
qué tan pocas excepciones?
Es al llegar a este punto donde deja de ser desapasionada y objetiva.
Habla sobre las “distorsiones psicosexuales” en la personalidad
humana a las que han dado lugar los cuatro puntos señalados
más arrriba. Se evidencia que tenía implícita
en mente algún tipo de utópica “normalidad psicosexual”
feminista. Firestone obviamente considera que se encuentra en una
posición que le permite juzgar que la mayor parte de las personalidades
están “distorsionadas”. Las demás personas,
sin embargo, no tendrían por qué considerarla como alguien
particularmente cualificada para hacer juicios tan amplios. Ella sencillamente
asume que casi todas las personalidades están “distorsionadas”,
y que sólo ella (junto con, quizás, unas pocas amistades)
es “normal”.
Como resulta típico en las feministas, encuentra esta argumentación
superficial como una base lo suficientemente sólida que le
permite empezar a hablar sobre la “tirania (de los hombres,
por supuesto) sobre las mujeres y los niños”. Considera
este hecho como algo de origen biológico.La tecnologia moderna,
sin embargo, hace viable en su opinión, el derrocar los fundamentos
biológicos de la actual estructura de poder sexual” Hasta
aquí el extracto de la versión de 1999.
La tecnología moderna hace viable, en su opinión,
el derrocar los fundamentos biológicos de la actual estructura
de poder sexual. Aquí es donde surge su utopía psicosexual.
Ella afirma que las mujeres deberían hacerse con el control
de “la biología de la nueva población y de todas
las instituciones sociales relacionadas con la maternidad y la crianza
de los hijos”. Más radicalmente, en su utopía
no deberían existir cosas tales como la familia o la comunidad,
sino únicamente individuos separados trabajando duro y cooperando
momentáneamente.
“Las diferencias genitales entre los seres humanos no tendrían
importancia cultural por más tiempo. (Un regreso a una pansexualidad
sin obstrucciones -- la “perversidad polimórfica”
de Freud- suplantaría probablemente a la hetero/homo/ bi-sexualidad)
La reproducción de la especie por un sexo en beneficio de ambos
sería reemplazada por (o como mínimo por la opción
de) la reproducción artificial: Los niños nacerían
igualitariamente de ambos sexos, o independientemente de cualquiera…La
dependencia del hijo de la madre (y viceversa) daría paso a
una dependencia enormemente reducida de un pequeño grupo de
otros en general… La división del trabajo terminaría
mediante la eliminación del trabajo al completo (cybernacion).”
(op.cit.)
Uno de los más influyentes trabajos feministas en tiempos
recientes ha sido Política Sexual de Kate Millet. Su tesis
central es que uno puede caracterizar la relación entre los
sexos en términos políticos. Esta percepción
aparentemente deriva en primer lugar de Wilhelm Reich. Sería
más justo el ser más equilibrado de lo que lo son las
feministas en lo referido a las actuales relaciones políticas
entre los sexos. Millet comienza desde los siguientes supuestos:
- Los Estados Unidos (y países similares) son “patriarcados”;
- Esto es evidente porque los políticos son principalmente varones;
- Este gobierno de hombres sobre las mujeres se aplica a todos los
componentes de la sociedad, incluida la familia.
Ella no presenta estas alegaciones muy clara o explícitamente,
pero es evidente que las cree. Y el feminismo se ha estabilizado hasta
tal punto que estos principios son considerados popularmente como evidentes
en la totalidad del mundo occidental.
Dos conceptos que tipifican el feminismo radical son la máxima
teórica “lo personal es política” y su corolario
práctico, “despertar la conciencia”.
“Dentro del grupo de despertar de la conciencia la experiencia
de cada persona, la historia vital de cada mujer era un tema de interés.
Comprendimos que mediante la escucha de la experiencia de un individuo
podríamos dibujar una imagen mucho más rica de cómo
estaba organizada la sociedad. Política sexual proporcionó
una comprensión de cómo funciona la sociedad tanto en
un nivel ideológico como material y profundizó la comprensión
que la izquierda tenía de de la experiencia humana. El Movimiento
de Liberación de las Mujeres construyó un análisis
de la sociedad fundamentado sobre lo esencial de la experiencia de la
vida individual. Esto aumentó y retó el conocimiento previo
social, económico y político de las bases de la sociedad”
(Luise Eichenbaum y Susie Orbach "Outside In. Inside Out. Women's
Psychology: A Feminist Psychoanalytic Account". De fuera adentro.
De dentro afuera. La psicología de las mujeres: un enfoque psicoanalítico
feminista, Harmondsworth: Penguin,1982,12)
Yo compararía este proceso de recolección de datos para
demostrar una hipótesis científica, con la discrepancia
fundamental de que el despertar de la conciencia tiene una tendenciosidad
intrínseca la cual puede ser fácilmente demostrada planteando
(retóricamente, por supuesto) la cuestión, “¿De
cuantos grupos de despertar de la conciencia disponían las feministas
para permitir a los hombres el discutir la manera en que ellos habían
sido oprimidos por las mujeres en sus vidas? Dicho de otro modo, “el
despertar de la conciencia” es prácticamente un sinónimo
de “lavado de cerebro”, “instrucción”
o “conversión”. La teoría feminista radical
(la política sexual, tal como fue concebida por las feministas)
proporciona el armazón para que las mujeres reinterpreten sus
vidas del mismo modo que las religiones hacen con los conversos.
El Feminismo Postmoderno/ Feminismo Francés.
Un cínico podría caracterizar el feminismo postmoderno
como una etapa o tipo de feminismo que hace una virtud del hecho de
que el feminismo contemporáneo esté disgregado y aparentemente
carezca de dirección:
Las feministas postmodernas se preocupan ya que el feminismo se considera
una teoría explicativa, él… corre el riesgo de intentar
proporcionar la explicación de por qué la mujer está
oprimida, o los diez pasos que todas las mujeres deben asumir con el
propósito de alcanzar la auténtica liberación.
(Tong 1989, 217)
El feminismo es incapaz de hacer estas cosas. En realidad, ninguna
feminista ha demostrado objetivamente que las mujeres se encuentren
(más) oprimidas (que los hombres) y, por lo tanto que necesiten
ser “liberadas”. Esa demostración objetiva es una
condición previa para la teoría explicativa de la que
carecen. La naturaleza disgregada del feminismo postmoderno es un resultado
inevitable del hecho de que ninguna de las diversas facciones del feminismo
haya sido capaz de construir una teoría explicativa. A cambio,
estos cismas han creado un entorno en el que el denominado “contragolpe”
ha sido capaz de emerger.
Los Estudios de Mujeres.
“Los Estudios de Mujeres” constituyen una curiosa especialidad
académica. En parte porque es reciente, pero principalmente porque
tiene más en común con la teología o el adoctrinamiento
ideológico que con otras disciplinas académicas de (digamos)
las ciencias sociales.
“Los Estudios de Mujeres, como el propio feminismo, presentan
dos enfoques sobre el tema de la desigualdad. Uno de los enfoques, utilizando
evidencias antropológicas, biológicas, históricas
y psicológicas, expone que las mujeres no son en lo esencial
distintas de los hombres, y a partir de ahí, que en una sociedad
estructurada de un modo diferente sería posible hacer desaparecer
las divisiones basadas en el sexo o el género, dejándonos
una sociedad igualitaria. El otro enfoque plantea que las mujeres son
básicamente distintas de los hombres y que está desigualdad
da como resultado una infravaloración de las actividades y características
femeninas… De esta manera puede verse que los “Estudios
de Mujeres” están unidos a dos conceptos de igualdad, que
podrían denominarse “claramente iguales” o “iguales
pero diferentes.” (Ruth, Temas de feminismo: Un primer curso sobre
los Estudios de Mujeres.”1980, p. 5)
Es una característica de la ideología de un movimiento
social el que intente “casarse con” contradicciones en un
intento de maximizar la influencia política del movimiento. Las
disciplinas netamente académicas, por otro lado, tienden a centrarse
en las contradicciones con el propósito de alcanzar una conclusión
gracias a la cual la teoría se vuelva correcta.
Como los Estudios de Mujeres no son realmente una disciplina académica,
digan lo que digan, no podemos esperar que examinen objetivamente cuestiones
del estilo de si los hombres están oprimidos en la sociedad,
si están oprimidos por las mujeres, y si ellos están más
oprimidos que las mujeres. Los Estudios de Mujeres toman la opresión
de la mujer (por los hombres o por la sociedad) como una verdad manifiesta
que ninguna persona de buen juicio debería siquiera cuestionarse.
Incluso los profesores de los Estudios de Mujeres admiten esta tendenciosidad
hacía la acción política más que hacía
una investigación rigurosa:
“Las ideas, métodos, currículos, y teorías
de los Estudios de Mujeres muestran una gran diversidad y se resisten
a una definición sencilla. Aquellos que trabajan actualmente
en los Estudios de Mujeres los han denominado alternativamente como
un proceso, un campo de investigación, una perspectiva crítica,
un centro para la acción social, y/o el brazo académico
del movimiento de las mujeres. Son todo esto y más. (Ibid, p.3).”
Ruth está al tanto de la imputación de que los Estudios
de las Mujeres son tendenciosos. Ella responde apelando a que la tendenciosidad
masculina (a la cual llama “Masculinis-mo”, “Masculismo”
o “Androcentrismo”) ha sido siempre una característica
de la sociedad. Esto bien podría ser así, pero el demostrar
que muchos académicos masculinos han sido tendenciosos no demuestra
que los Estudios de Mujeres no lo sean, ni tampoco justifica la arbitrariedad
de los Estudios de Mujeres, de existir ésta.
Los masculinistas/ activistas de los Derechos de los Hombres no son
responsables de lo que haya existido o exista. No necesitamos defender
las parcialidades masculinas, cuando se presenten. No hay nada de malo
en que el feminismo revele parcialidades masculinas. Sin embargo, las
feministas hacen más que mostrar arbitrariedades masculinas,
ellas también crean parcialidades femeninas. Uno de los principales
propósitos de este libro es señalar casos de parcialidades
femeninas. He aquí algunos de los ejemplos incluidos en este
libro:
- la definición de poder político y la identificación
de quien lo detenta;
- actitudes hacía los hombres como las contrarias a la circuncisión
femenina;
- la evaluación de los roles de cortejo masculinos y femeninos
en el contexto de la legislación sobre violación;
- la diseminación e interpretación de los casos de violencia
doméstica;
- la diseminación de información sobre varios tipos
de abusos infantiles;
- la evaluación del tratamiento dado por el sistema legal
a hombres y mujeres;
- la evaluación de los temas de empleo referidos a hombres
y mujeres;
- la compilación y diseminación de las estadísticas
de la ONU y otros sobre igualdad de género;
- La elección de temas en los que se reivindica la igualdad
de género;
- La definición de igualdad de género.
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